Lo primero que quería decir es que de momento ya he acabado con los exámenes y estoy escribiendo el próximo capítulo de la historia. Lo segundo, aquí os dejo este poema, y (aunque lo parezca en el poema) no estoy enamorada, simplemente me salió así. Por favor, dejen comentarios,
bss, Sara.
Poema a un corazón entrometido.
Y dime corazón,
¿no saltas de alegría al verle?
¿No me haces sentir nerviosa?
Dime compañero inseparable,
¿no le pides a mi cerebro
que se haga a un lado?
¿Acaso no intentas que me declare?
Me he dado cuenta,
te lo agradezco,
pero no lo necesito.
Me da igual que mire a otras,
no me importa que me ignore,
me siento bien estando sola.
Del amor solo surgen problemas,
apenas felicidad,
me da igual lo que quieras,
porque aquí mando yo.
Corazón entrometido,
no me hagas enamorar,
pues no quiero que te hagan daño,
ni a ti ni a mí, no nos tocarán.
By: Sara.
Publicaré poemas e historias de mi invención, espero que disfrutéis leyendo. “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”. Jorge Luis Borges.
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jueves, 1 de marzo de 2012
miércoles, 22 de febrero de 2012
El inicio de una gran aventura: Capítulo 3
- Me llamo Liliannet, ¿y tú?
- Me llamo Aiden -contestó de mala gana.
- Bonito nombre, ¿por qué te perseguían los guardias?
- Por algo que no he hecho.
- ¿Y qué no has hecho? -pregunté divertida.
- Preguntas demasiado, lo que haya o no haya hecho no te importa -dijo enfadado.
- ¿Cómo que no? -ahora era yo la enfadada- He tenido que huir de mi casa, he dejado mi vida allí por algo que, según tú, no has hecho, ¡tengo derecho a saber qué ha pasado!
- Está bien -dijo al fin- Creen... creen que maté a un hombre.
- Tantos guardias no irían tras de ti si ese hombre no fuera importante, ¿quién era? -indagué.
- Empezaré a contártelo desde el principio, ¿vale? -yo asentí- Vivo en el castillo, sirvo al rey y a sus consejeros.
- Me llamo Aiden -contestó de mala gana.
- Bonito nombre, ¿por qué te perseguían los guardias?
- Por algo que no he hecho.
- ¿Y qué no has hecho? -pregunté divertida.
- Preguntas demasiado, lo que haya o no haya hecho no te importa -dijo enfadado.
- ¿Cómo que no? -ahora era yo la enfadada- He tenido que huir de mi casa, he dejado mi vida allí por algo que, según tú, no has hecho, ¡tengo derecho a saber qué ha pasado!
- Está bien -dijo al fin- Creen... creen que maté a un hombre.
- Tantos guardias no irían tras de ti si ese hombre no fuera importante, ¿quién era? -indagué.
- Empezaré a contártelo desde el principio, ¿vale? -yo asentí- Vivo en el castillo, sirvo al rey y a sus consejeros.
> Esta tarde, el rey me mandó llevar a los aposentos de Sandor, uno de sus consejeros, unas túnicas. Estaba ya en el pasillo de su habitación, cuando vi salir de ella a una persona que llevaba una capa negra, al verme echó a correr en dirección contraria a la mía.
> Entré en la habitación de Sandor, él estaba tirado en el suelo, le habían clavado un puñal... pero seguía vivo, y me dijo: "búscalo, se llama Eriath, el hechicero..."
> Segundos más tardes murió, y una criada que pasaba con unas mantas me vio... y llamó a los guardias, creyendo que yo lo había matado.
> Entonces... huí -concluyó el joven.
- Vaya, ¿no crees que si te hubieras quedado allí, explicando a los guardias lo que había pasado, habría sido mejor? -pregunté dudosa.
- No conoces a los guardias del rey, me habrían matado allí mismo, sin un juicio previo, sin dejarme dar explicaciones...
- Y, ¿qué vas a hacer?
- Lo que Sandor me pidió: buscaré a Eriath y limpiaré mi nombre -parecía decidido.
- ¿Acaso sabes dónde vive Eriath?
- No, y no sé por donde empezar.
- ¿Sabes? Te voy a ayudar, ahora que ya no puedo volver, no me queda más remedio.
- ¿Ayudar? ¡Es un hechicero! ¡Puede ser peligroso! Iré solo, no pienso meter a nadie más en mi venganza.
- Ajá..., pero no sabes donde vive Eriath... -comenté misteriosa.
- ¿Sabes algo de él? -preguntó Aiden, sorprendido.
- Mi mentor me habló de él, vive al oeste, entre la capital y las Montañas Nevadas.
- ¿Tan lejos? ¡Tardaré semanas en llegar allí!
- Lo sé, pero Faversham está a solo un par de días de viaje, si conseguimos unos caballos allí, llegaríamos a la capital en una semana.
- Está bien, nos dirigiremos a Faversham -suspiró resignado.
- ¿Yo también?
- Si no hay remedio...
- ¡Genial, pongámonos en marcha!
- ¿No decías qué estabas cansada?
- ¿Y tú que nos alcanzarían en seguida? -ataqué yo.
- Te pones muy rápido a la defensiva -comentó molesto.
No contesté y empecé a andar.
_______________________
Siento tardar siempre tanto en publicar, pero no tengo tiempo libre y la imaginación viene y va. Disfrutad del capítulo,
bss, Sara.
domingo, 22 de enero de 2012
El inicio de una gran aventura: Capítulo 2
- ¿¡Pero qué haces?! -pregunté, enfadada, una vez dentro.
- ¡Silencio o nos descubrirán! -dijo él.
Se acercó a la ventana, en ese momento pasaban unos soldados corriendo. Hasta que no doblaron la esquina el chico no estuvo tranquilo.
- ¿Quién eres? -le pregunté.
Se volvió hacia mí, tenía el pelo castaño oscuro y los ojos verdes.
- No es de tu incumbencia, pelinegra -contestó.
- ¿Cómo que no? -pregunté indignada- ¡Esta es mi casa! ¡Y no me digas pelinegra! -el chico no me hizo caso.
Se oyeron ruidos en la calle, el chico se escondió en un rincón y miré por la ventana. Más soldados llegaban e iban de puerta en puerta preguntando por el fugitivo.
Llegaron a la casa de enfrente y mi vecina les abrió. Mi corazón dio un vuelco cuando señaló hacia mi casa. ¿Acaso habría visto entrar al chico?
- Debemos irnos -dijo él, sobresaltándome.
- ¿Por qué?
- Porque nos han descubierto.
- ¿Descubierto? -pregunté desconcertada- ¡Pero si yo no he hecho nada!
Llamaron a la puerta y ninguno de los dos se atrevió a moverse.
- ¿Qué hacemos? -preguntó el chico- Estamos perdidos, esa era la única salida.
- ¿Eso crees? Ven, rápido -le dije cogiéndolo de la mano.
Mi casa consta de tres partes: la cocina y salón, que era el lugar donde estábamos; mi habitación, un baño y un pequeño huerto en la parte trasera que daba al bosque.
Lo llevé a mi habitación y abrí una trampilla que bajaba hasta un estrecho pasillo que llevaba al huerto. Siempre creí que si alguna vez descubrían que era una bruja esa sería mi única salida.
Abrí la salida al huerto y corrimos hacia el bosque.
Mientras tanto, en la puerta de mi casa...
- ¡Abra ya o echaremos la puerta abajo! -dijo uno de los soldados.
- Lo está escondiendo, señor, siempre he dicho que esa mujer ocultaba algo -dijo la vecina.
- ¡Se acabó! -dijo el soldado derribando la puerta- Entre ahí y búsquelos, cadete.
El joven entró, temeroso, pero no tardó mucho en salir.
- En esta casa no hay nadie, señor -el soldado al mando miró a la mujer.
- Usted también la ha visto en la ventana -le recordó-. Solo hay una explicación para esto... ¡brujería! ¡Es una bruja! ¡Llevo diciéndolo desde que llegó, pero nunca me hacéis caso!
De nuevo en el bosque...
No habíamos corrido ni diez minutos y yo ya estaba llena de rasguños y con mi vestido (ya de por sí en bastante mal estado) destrozado por culpa de las ramas de los árboles.
- ¡Para! Ya no puedo más -dije, cansada.
- Nos pueden dar alcance, ojimiel, debemos seguir- dijo él.
- ¡No me llames así! -me quejé.
- ¿Por qué no? Tu pelo es negro y tus ojos color miel -se defendió.
- ¿Por qué no nos presentamos? Sería más sencillo -propuse-. Me llamo Liliannet, ¿y tú?
- ¡Silencio o nos descubrirán! -dijo él.
Se acercó a la ventana, en ese momento pasaban unos soldados corriendo. Hasta que no doblaron la esquina el chico no estuvo tranquilo.
- ¿Quién eres? -le pregunté.
Se volvió hacia mí, tenía el pelo castaño oscuro y los ojos verdes.
- No es de tu incumbencia, pelinegra -contestó.
- ¿Cómo que no? -pregunté indignada- ¡Esta es mi casa! ¡Y no me digas pelinegra! -el chico no me hizo caso.
Se oyeron ruidos en la calle, el chico se escondió en un rincón y miré por la ventana. Más soldados llegaban e iban de puerta en puerta preguntando por el fugitivo.
Llegaron a la casa de enfrente y mi vecina les abrió. Mi corazón dio un vuelco cuando señaló hacia mi casa. ¿Acaso habría visto entrar al chico?
- Debemos irnos -dijo él, sobresaltándome.
- ¿Por qué?
- Porque nos han descubierto.
- ¿Descubierto? -pregunté desconcertada- ¡Pero si yo no he hecho nada!
Llamaron a la puerta y ninguno de los dos se atrevió a moverse.
- ¿Qué hacemos? -preguntó el chico- Estamos perdidos, esa era la única salida.
- ¿Eso crees? Ven, rápido -le dije cogiéndolo de la mano.
Mi casa consta de tres partes: la cocina y salón, que era el lugar donde estábamos; mi habitación, un baño y un pequeño huerto en la parte trasera que daba al bosque.
Lo llevé a mi habitación y abrí una trampilla que bajaba hasta un estrecho pasillo que llevaba al huerto. Siempre creí que si alguna vez descubrían que era una bruja esa sería mi única salida.
Abrí la salida al huerto y corrimos hacia el bosque.
Mientras tanto, en la puerta de mi casa...
- ¡Abra ya o echaremos la puerta abajo! -dijo uno de los soldados.
- Lo está escondiendo, señor, siempre he dicho que esa mujer ocultaba algo -dijo la vecina.
- ¡Se acabó! -dijo el soldado derribando la puerta- Entre ahí y búsquelos, cadete.
El joven entró, temeroso, pero no tardó mucho en salir.
- En esta casa no hay nadie, señor -el soldado al mando miró a la mujer.
- Usted también la ha visto en la ventana -le recordó-. Solo hay una explicación para esto... ¡brujería! ¡Es una bruja! ¡Llevo diciéndolo desde que llegó, pero nunca me hacéis caso!
De nuevo en el bosque...
No habíamos corrido ni diez minutos y yo ya estaba llena de rasguños y con mi vestido (ya de por sí en bastante mal estado) destrozado por culpa de las ramas de los árboles.
- ¡Para! Ya no puedo más -dije, cansada.
- Nos pueden dar alcance, ojimiel, debemos seguir- dijo él.
- ¡No me llames así! -me quejé.
- ¿Por qué no? Tu pelo es negro y tus ojos color miel -se defendió.
- ¿Por qué no nos presentamos? Sería más sencillo -propuse-. Me llamo Liliannet, ¿y tú?
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Siento la demora, por favor, decidme que os parece,
bss, Sara.
domingo, 1 de enero de 2012
¡Feliz 2012!
Que este año que empieza esté lleno de cosas buenas. Os deseo lo mejor. ¡Disfrutad de lo que queda de vacaciones!
Hasta pronto,
bss, Sara.
Hasta pronto,
bss, Sara.
jueves, 29 de diciembre de 2011
El inicio de una gran aventura: Capítulo 1
Era una noche de marzo, tan normal como cualquier otra. La luna llena brillaba en el cielo con un esplendor mágico, estaba segura de que aquella apacible noche pasaría algo que cambiaría mi vida.
Supongo que debería empezar esta historia presentándome. Me llamó Liliannet, tengo quince años y vivo sola en una pequeña casa de la aldea Grenhas. Perdí a mi familia cuando apenas tenía dos años y tuve que vivir con el druida de mi aldea. Con él descubrí que tenía el don de la magia y me enseñó a utilizarla. Desgraciadamente mi maestro murió.
Poco después tuve que irme de la aldea, pues la gente me llamaba bruja. Y acabé aquí, me pareció una ciudad muy bonita: con sus verdes campos, la vida tranquila, el mercado, el castillo... Lo único malo es que no aceptan la magia e intento ser discreta.
No tengo ningún amigo y los vecinos me miran mal, creo que sospechan algo...
De repente escuché algo, los cuernos sonaban, ¿qué habría pasado en el castillo? ¿Por qué daban la voz de alarma?
Me asomé a la ventana, las casas vecinas también estaban despertando. Salí a la calle, quería saber que pasaba. Un chico corría hacia donde yo estaba, en un principio no se percató de mi presencia, pero al acercarse me vio. El chico miró hacia atrás y pareció tomar una decisión. Llegó hasta donde yo estaba y me empujó dentro de mi casa.
Y aquello dio inicio a mis aventuras. Seguramente, si mi prudencia hubiese vencido a mi curiosidad, jamás me habría visto envuelta en tantos líos...
__________________________
Hola! Aquí vengo con esta historia que espero que os guste. No sé cuantos capítulos serán, pero será larga, eso seguro. No confiéis en que actualice muy seguido, yo tardo bastante en escribir, principalmente porque soy un poco vaga.
Decidme que os ha parecido,
espero escribir más pronto,
bss, Sara.
Supongo que debería empezar esta historia presentándome. Me llamó Liliannet, tengo quince años y vivo sola en una pequeña casa de la aldea Grenhas. Perdí a mi familia cuando apenas tenía dos años y tuve que vivir con el druida de mi aldea. Con él descubrí que tenía el don de la magia y me enseñó a utilizarla. Desgraciadamente mi maestro murió.
Poco después tuve que irme de la aldea, pues la gente me llamaba bruja. Y acabé aquí, me pareció una ciudad muy bonita: con sus verdes campos, la vida tranquila, el mercado, el castillo... Lo único malo es que no aceptan la magia e intento ser discreta.
No tengo ningún amigo y los vecinos me miran mal, creo que sospechan algo...
De repente escuché algo, los cuernos sonaban, ¿qué habría pasado en el castillo? ¿Por qué daban la voz de alarma?
Me asomé a la ventana, las casas vecinas también estaban despertando. Salí a la calle, quería saber que pasaba. Un chico corría hacia donde yo estaba, en un principio no se percató de mi presencia, pero al acercarse me vio. El chico miró hacia atrás y pareció tomar una decisión. Llegó hasta donde yo estaba y me empujó dentro de mi casa.
Y aquello dio inicio a mis aventuras. Seguramente, si mi prudencia hubiese vencido a mi curiosidad, jamás me habría visto envuelta en tantos líos...
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Hola! Aquí vengo con esta historia que espero que os guste. No sé cuantos capítulos serán, pero será larga, eso seguro. No confiéis en que actualice muy seguido, yo tardo bastante en escribir, principalmente porque soy un poco vaga.
Decidme que os ha parecido,
espero escribir más pronto,
bss, Sara.
domingo, 25 de diciembre de 2011
Soñar algo imposible...
Una vez soñé con un mundo perfecto. No existían los países, todos estábamos unidos en una sola nación. No existían guerras, pues todos éramos iguales. Nadie pasaba hambre, todos compartíamos. La contaminación no estaba presente, todo era verde y limpio. Pocas personas morían por enfermedades, solo por vejez. Cada familia tenía su hogar, pero a la vez, todos éramos un gran hogar. Nadie era discriminado, todos iguales, cada uno podía perseguir sus sueños sin miedo.
Todo era tan perfecto que al instante me di cuenta de que era un sueño, solo un pensamiento, algo que nunca se cumplirá. Abrí los ojos y, resguardadas por la oscuridad de la habitación, las lágrimas se amontonaron en mis ojos. Pobre de mí, pensar tan solo por un segundo que algo así era real, me sentí desolada y me dormí mientras las pesadillas del mundo en el que de verdad vivimos regresaban a mí.
Feliz Navidad, espero que lo paséis bien y que en este año entrante intentéis dar lo mejor de vosotros mismos para poder ayudar al mundo.
miércoles, 31 de agosto de 2011
“ En un lugar recóndito, a las afueras de ninguna parte, rodeado de bosques y donde tan solo la imaginación puede llegar, había una pequeña aldea.
Una niña de apenas diez años salía hacia el bosque, a disfrutar de lo maravilloso que era y de los misterios que allí se encontraban.
Había salido temprano, llevaba comida para almorzar allí y volvería a casa a la hora de comer.
Acababa de llegar al lugar perfecto donde comer el delicioso almuerzo que su madre le había preparado: era un pequeño claro. Las ramas de los árboles de alrededor habían formado una pequeña cúpula, por donde algunos rayos de sol se filtraban.
La pequeña se sentó bajo uno de los árboles, apoyando su espalda en él, cerró los ojos, disfrutando de la suave brisa que llegaba.
- Jijiji...
Una leve risa hizo que se sobresaltase, abrió los ojos, mirando al frente. Justo en el centro del claro había una hermosa flor, de color azul cielo, y encima de la flor, un resplandor de igual color, semejante al hielo.
- Acércate -pidió la voz que salía del resplandor.
La niña no se pudo resistir, la voz, pese a venir de algo que se asemejaba al frío hielo, sonaba cálida y ella no quería dejar de oir algo tan hermoso.
- Soy un hada, pequeña -explicó la criatura, desplegando unas pequeñas y transparentes alas que brillaban hermosas.
- Siempre supe que existían -murmuró la chica sin apartar la vista de aquel bello ser- ¿Por qué estás aquí? -continuó la niña en el mismo tono- ¿Cuál es la razón por la que me dejas verte?
- Este es mi hogar -explicó el hada-, de vez en cuando me aparezco a algún humano, para enseñarles lo bonito de los sueños.
- ¿Sueños? -preguntó la niña extrañada.
- ¡Uy, claro! Se me olvidó decírtelo... Jijiji -el hada volvía a reir- Verás, los humanos de otros lugares han renunciado a sus sueños, porque no los creen probables y yo, querida niña, soy el Hada de los Sueños -al ver la cara de perplejidad de la pequeña humana, continuó explicando-. No tengo el poder de hacer realidad los sueños, pero puedo conseguir que las personas se apasionen por aquello que más desean (siempre y cuando no haga daño a nadie con ello), por esa razón estoy aquí, quiero que cierres los ojos y te dejes llevar.
La niña asintió, creía lo que decía el hada, por imposible que fuera.
Cerró los ojos, los sonidos de los animales del bosque dejaron de escucharse. Lo único que la chica podía sentir en aquel momento era viento, ni siquiera notaba ya la tierra bajo sus pies. Escuchó una vocecilla, era el hada.
- Pequeña, abre los ojos...
Ella obedeció, encontrándose así con el cielo azul frente a ella, estaba volando.
- ¿Cómo he...?
- Es un sueño, querida -le recordó el hada-, lo único que tienes que hacer es disfrutar.
La chica disfrutó de aquel sueño tan real, hacía piruetas, traspasaba las nubes... era precioso, pero era un sueño y tenía que despertar.
Abrió los ojos y se vio otra vez en el claro, apoyada contra el árbol donde había escuchado por primera vez la voz del hada. Se entristeció al pensar que el hada no había estado allí en verdad, que todo había estado en su cabeza.
- Jijiji -de nuevo escuchaba la cálida risa-, pequeña, no pienses así, yo he estado ahí contigo, pero he acabado mi trabajo y tengo que marcharme- la chica buscó el resplandor del hada por el claro-. Ya no estoy en el claro, querida, en realidad, ni siquiera sigo en tu mundo, las palabras que escuchas las arrastra el aire -explicó- ¿Seguirás tus sueños?
- Pero no puedo volar, es imposible.
- Piensa en el significado del sueño, tengo que irme, nos volveremos a ver...
Las palabras quedaron suspendidas en el aire durante unos segundos, para después seguir su camino.
La niña volvió a su casa y nunca contó a nadie lo que vio en aquel claro.
Años más tarde, aquella chica, ya convertida en una mujer, dejó su aldea para seguir sus sueños, ser totalmente libre, vivir con la naturaleza. Por el camino se encontró a un joven de su misma edad y los dos pasaron grandes aventuras.
Al final de historias de este tipo se dice: "vivieron felices y comieron perdices". Pero no quiero que sea como las demás y solo diré: vivieron su sueño, con alegría y algo de tristeza, escuchando juntos la dulce melodía del viento ”.
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Aquí dejo una pequeña historia que escribí hace poco, yo la considero extraña, pero me gusta, también os dejo la dirección de un fic sobre Harry Potter que estoy escribiendo: http://harrypotter.lsf.com.ar/por-que-estoy-aqui-merodeadores-t65081.html#p2463993
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